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Notas
de Programa
Por: Juan Carlos Marulanda López
INOCENTE
CARREÑO (1919)
Margariteña
Inocente
Carreño, destacado músico venezolano nacido
en Porlamar (Isla Margarita) es uno de los compositores de la llamada
Escuela de Santa Capilla, término con el cual se denomina
a la generación de compositores venezolanos que se formaron
a mediados del siglo pasado con Vicente Emilio Sojo, en la Escuela
de Música José Ángel Lamas, en Caracas. Entre
ellos se cuentan otros autores tales como Evencio Castellanos, Ángel
Sauce, Carlos Figueredo y, seguramente el más conocido en
nuestro medio, Antonio Lauro. Sojo ejerció una fuerte influencia
sobre sus alumnos impartiendo en ellos una sólida formación
técnica y orientando su interés hacia el nacionalismo
musical. Lo anterior resulta notorio en Margariteña, conocida
también como Glosa sinfónica margariteña,
tal vez la pieza musical de mayor importancia que aparece en el
extenso listado de composiciones de Carreño, en el cual
aparecen obras enmarcadas tanto en ámbitos académicos
como populares.
De
acuerdo a la reseña que de esta partitura hizo el musicólogo
Rafael Salazar, “la obra está concebida como un todo
rapsódico -es decir, una composición de estructura
libre, en la que usualmente se presentan varios cambios de ambiente-
con la utilización de temas populares margariteños”.
En opinión del mismo Salazar, Margariteña presenta
un cuidadoso manejo orquestal y la música se desenvuelve
dentro de un lenguaje tradicional con algunos momentos que pueden
hacer recordar a los impresionistas franceses e incluso a Stravinsky.
Es un tributo del compositor a su tierra natal y uno de los ejemplos
más representativos de la escuela nacionalista en su país.
Fue escuchada por primera vez en el marco del Primer Festival de
Música Latinoamericana en Caracas, el 25 de noviembre de
1954, interpretada por la Orquesta Sinfónica Venezuela bajo
la batuta del propio compositor.
PIOTR
ILICH CHAIKOVSKY (1840-1893)
Concierto para violín, Op. 35
El
período de creación de este Concierto para violín
y orquesta coincide, nos dice Carlos Ruiz Silva, con el paso de
una etapa difícil en la vida de Chaikovsky: su fracasado
matrimonio con Antonina Miliukova, quien padecía serios
trastornos mentales (era mitómana) y que decía haberse
enamorado del músico. Él por su parte, aunque no
la amaba, había decidido aceptar el compromiso de la unión
para librarse de los molestos rumores que corrían sobre
su vida privada. Luego de dos meses de amarga experiencia conyugal,
el músico se vió obligado a abandonar a Antonina
y se retiró a Clarens (Suiza). Precisamente allí se
dedicó a la composición del Concierto. Según
comenta André Lischké, la motivación para
esta tarea surgió luego de que Chaikovsky conociera la Sinfonía
Española de Édouard Laló -que más que
una sinfonía es un concierto para violín-. Inicialmente
fue destinado al famoso violinista Leopold Auer, quien luego lo
rechazó por considerarlo imposible de ejecutar -crítica
que también había recibido Chaikovsky por su Concierto
para Piano-.
El
Concierto se escuchó por primera vez en interpretación
de Adolf Brodsky -quien más adelante lo hizo popular y se
convirtió en su dedicatario- en la ciudad de Viena en 1881,
bajo la dirección de Hans Richter. De acuerdo al mismo Lischké,
se trata del primer concierto para violín de un compositor
ruso que logró adquirir un lugar de importancia en el repertorio,
siendo considerado tan célebre como los conciertos de Mendelssohn
o de Brahms. El primer movimiento, indicado en la partitura como
Allegro moderato, es una página llena de virtuosismo. Por
su parte, la Canzonetta es un número lleno de belleza en
el que el violín solista, apunta Lischké, “canta
un tema muy nostálgico”. El último movimiento,
Allegro vivacissimo inicia al estilo zíngaro y está impregnado
de energía y un sabor popular prácticamente hasta
su final.
BELA
BARTÓK (1881-1945)
Concierto para orquesta
Al
llegar a Nueva York, el compositor húngaro Bela Bartók
tuvo que atravesar tal vez los momentos más penosos de su
vida debido a la mala situación económica y de salud.
Este estado lo sumió en un silencio creativo que se prolongó durante
varios años. A manera de estímulo, varios amigos
suyos planearon que Bartók recibiera el encargo de una composición
musical a través de la Fundación Koussevitzky. El
propio Serge Koussevitzky visitó al compositor en el hospital
y le ofreció un cheque de 500 dólares como adelanto
del 50% por la creación de una obra nueva, lo que provocó una
mejoría en el espíritu del compositor, no así en
su salud. La comisión consistía en lo que habría
de ser el Concierto para orquesta, estrenado en Boston por la Orquesta
Sinfónica de la misma ciudad, naturalmente bajo la dirección
de Koussevitzky, el 1º de diciembre de 1944. A pesar de su
mala salud, Bartók viajó desde Nueva York para asistir
a su mayor triunfo en muchos años. Aunque este éxito
le permitió recuperar su prestigio como compositor, Bartók
no alcanzó a disfrutar de esta dicha puesto que habría
de fallecer 10 meses más tarde.
A
continuación se presenta un breve extracto de los textos
escritos por el propio Bartók para el estreno del Concierto
para orquesta: “El ánimo general de la obra representa,
aparte del segundo movimiento juguetón, una transición
gradual de la severidad del primer movimiento y la lúgubre
canción del tercero hasta la afirmación de la vida
en el último… El título de esta obra orquestal
semejante a una sinfonía se explica por su tendencia a tratar
los instrumentos orquestales individuales en una forma concertante
o solista”. De acuerdo a Jonathan Kramer, el Concierto está armado
en la típica forma en arco de Bartók. Los movimientos
externos sustanciales flanquean a 2 scherzos, uno juguetón
y otro con un toque de humor (Giuoco delle coppie -Juego de las
parejas- e Intermezzo interrotto -Intermezzo interrumpido-), con
el movimiento lento como piedra angular. El Concierto para orquesta
de Bartók es una de sus obras más importantes. Subir |