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MAURO GIULIANI, 1781 - 1829
Concierto para guitarra y cuerda, en la mayor (opus 30)
Nacido en Besceglie el 27 de julio de 1781, falleció en Nápoles el 8 de mayo de 1829. Famoso virtuoso, fue uno de los primeros que desarrolló las posibilidades de la guitarra, considerada hasta entonces como un instrumento de acompañamiento.
Emigrado a Viena, antes de volver a Roma y después a Nápoles, se codeó con Diabelli y Hummel y formó parte como violonchelista de la orquesta que estrenó la Séptima sinfonía de Beethoven. Escribió más de doscientas obras, entre ellas tres conciertos para guitarra y orquesta que son un ejemplo perfecto de música superficial pero muy refinada en la que se valora magníficamente un instrumento cuya moda no acaba nunca de crecer.
En el Concierto para guitarra y cuerda, en la mayor, con timbales (opus 30), el primer movimiento consiste en un amplio Allegro maestoso de forma sonata que contiene un largo desarrollo. Los principales temas se exponen en una gran introducción orquestal, muy brillante, en la que el ritomello convencional acaba con un efecto de ruptura bastante gracioso. Un inevitable deseo de virtuosismo no impide al solista dialogar con la orquesta, valorando las melodías cantabile, próximas a las que tanto ama la ópera. La siciliana que sigue, Andantino, en la que emplea una tonalidad menor orlada de melancolía, desarrolla su canto con una gracia casi etérea, mientras que la parte mediana, que nos devuelve al fin a la claridad del modo mayor, nimba con una luz más tamizada este instante bellamente poético que forma un sabroso contraste con el Allegreto final, una polonesa, muy al gusto de la época, que sabe despeinarse sin perder nunca la distinción.
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FRANZ JOSEPH HAYDN, 1732 - 1809
Concierto para violonchelo y orquesta, Hob. Vllb.: número 1, en do,
Nacido en Rohrau, y muerto en Viena, Austria, con Mozart y Beethoven, es el tercer gran representante del clasicismo vienés. Aunque no fue apreciado por la generación romántica, que lo consideraba excesivamente ligado a la tradición anterior, lo cierto es que sin su aportación la obra de Mozart y Beethoven, y tras ellos la de Schubert o Mendelssohn, nunca habría sido lo que fue. Y es que a Haydn, más que a ningún otro, se debe el definitivo establecimiento de formas como la sonata y de géneros como la sinfonía y el cuarteto de cuerda, que se mantuvieron vigentes sin apenas modificaciones hasta bien entrado el siglo XX.
Considerado durante mucho tiempo como perdido, el Concierto en do mayor, Hob. Vllb. 1, fue redescubierto en 1961 entre los fondos Redenin del Museo Nacional de Praga y se impuso inmediatamente en el repertorio a causa de sus cualidades y de la existencia de muy pocos conciertos para este instrumento, sobre todo de la época clásica.
La existencia, en los fondos de Radenin, de otro concierto para violonchelo copiado por la misma mano que éste, compuesto por Joseph Weigl, violonchelista de la orquesta de Eszterhazy desde 1761 a 1769, hizo pensar que este artista era el dedicatario y el primer intérprete del Concierto en do de Haydn. De ser cierta esta hipótesis, la obra no podría ser posterior a 1769. Sin duda fue compuesta entre 1765 y 1769. El Moderato inicial, bastante amplio, posee el mismo carácter y está construido según los mismos principios que el movimiento correspondiente del Concierto para violín en do. Pero, el Adagio en fa mayor, muy cantable, es ya clásico de espíritu. En cuanto al final, Allegro molto, una página extraordinaria, es un verdadero fuego de artificio, de un impulso y de un ardor que le convierte casi en un movimiento perpetuo si se exceptúa el que no es uniforme desde el punto de vista rítmico y melódico. El discurso se proyecta hacia adelante de tal forma que los ritornellos orquestales, después del del comienzo, están todos muy condensados.
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CAMILLE SAINT – SAENS, 1835 - 1921
Concierto para Violonchelo Nº 1, en La menor, Op. 33
Saint – Saens nació en París el 9 de octubre de 1835 y murió en Argel el 16 de diciembre de 1921. Fue un joven pianista prodigio que dio su primer concierto en la Sala Pleyel a los once años, antes de entrar en el Conservatorio a los trece años, donde fue alumno de Halévy para la composición. Organista titular de la iglesia de la Madelaine, se hizo célebre a los veinticinco años y provocó la admiración de Berlioz y de Liszt.
El Concierto para Violonchelo Nº 1, en La menor, Op. 33, fue escrito entre 1872 y 1873 y ejecutado por primera vez en París en 1875. Su particularidad es la de encadenar los tres movimientos en uno solo, revistiendo el conjunto de la obra la forma de un amplio Allegro de sonata: exposición y desarrollo (primer movimiento), interludio central y reexposición-recapitulación (movimiento final). En este aspecto, la obra realiza un modelo de equilibrio, de claridad y de maestría técnica. Saint-Saéns explota en ella lo mejor posible la larga extensión del instrumento solista y valora su tesitura más rica, la media y grave, maravillosamente engastada en el estuche orquestal.
Los tres movimientos son: Allegro non troppo - Allegretto con moto - Molto allegro. El primero tiene dos temas, con un desarrollo poderosamente expresivo; el segundo, de un carácter íntimo, adopta el ritmo de un minueto: es en este movimiento intermedio en donde el violonchelo, sin duda, desarrolla un registro persuasivo, una dicción de un natural soberano, sin ningún rasgo de virtuosismo. La parte final, que utiliza un nuevo material temático, cierra este conjunto con elegancia y encanto a la vez.
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MAURICE RAVEL, 1875 - 1937
Concierto para la mano izquierda (piano) y orquesta, en re mayor
Nacido en Ciboure (Francia) el 7 de marzo de 1875, falleció en París el 28 de diciembre de 1937. Ravel debe a su padre la iniciación en el universo de la música-. «A falta del solfeo, del que nunca he aprendido la teoría, comencé a estudiar piano hacia los seis años...» En el Conservatorio de París, donde entra en 1889, es primero alumno de piano de Anthione y después de Charles Bériot, trabaja la armonía con Pessard, la fuga y el contrapunto con Gédalge y la composición con Gabriel Fauré. En 1901 su cantata Myrrha le vale el Segundo Premio de Roma.
El Concierto para la mano izquierda fue escrito al mismo tiempo que el concierto precedente para satisfacer un encargo del pianista austriaco Paul Wittgenstein, a quien habían amputado un brazo durante la Primera Guerra Mundial. Es pues a él a quien fue dedicado y quien estrenó la obra el 5 de enero de 1932 en Viena (Grosser Musikvereinssaal), bajo la dirección de Robert Heger.
Las indicaciones de los movimientos son Lento y Allegro, pero se disciernen muy bien tres secciones, cada una de las cuales tiene el aire de un andante, de un allegro y de un finale (con un breve recuerdo del allegro central), aunque se toca todo sin interrupción.
«En una obra de este género, lo esencial es no dar la impresión de un tejido sonoro ligero, sino el que pueda tener una partitura escrita para las dos manos. Por ello he recurrido aquí a un estilo mucho más próximo al que gusta en el concierto tradicional, voluntariamente impotente. Después de una primera parte impregnada de este espíritu, aparece un episodio con el carácter de una improvisación que da lugar a una música de jazz. Sólo a continuación nos daremos cuenta de que el episodio en estilo de jazz está construido en realidad sobre los temas de la primera parte.» El extracto de este interviú concedido a un corresponsal del «Daily Telegraph» y reproducido por Alfred Cortot en su obra sobre la música francesa de piano, nos da ya algunas de las claves necesarias para la audición de esta angustiosa página y sobre todo para comprender uno de sus componentes esenciales: la mezcla de géneros.
Inaprensible, inclasificable, el Concierto para la mano izquierda, no solamente es un prodigio de escritura pianística; se diría que está cargado de un poder maléfico y no es éste el menor de sus atractivos.
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