|
FRANZ JOSEPH HAYDN, 1732 - 1809
Sinfonía Nº 82 en Do, “El oso”
Nacido en Rohrau del Leitha, y muerto en Viena, Austria, con Mozart y Beethoven, Franz Joseph Haydn es el tercer gran representante del clasicismo vienés. Aunque no fue apreciado por la generación romántica, que lo consideraba excesivamente ligado a la tradición anterior, lo cierto es que sin su aportación la obra de Mozart y Beethoven, y tras ellos la de Schubert o Mendelssohn, nunca habría sido lo que fue. Y es que a Haydn, más que a ningún otro, se debe el definitivo establecimiento de formas como la sonata y de géneros como la sinfonía y el cuarteto de cuerda, que se mantuvieron vigentes sin apenas modificaciones hasta bien entrado el siglo XX.
Al servicio de los Esterházy, Haydn tuvo muy pocas oportunidades de desplazarse fuera de su puesto de trabajo. En marzo de 1770 dirigió en Viena su ópera “Lo Speziale” (“El Boticario”); en abril de 1775, dirigió el estreno del oratorio “Il Ritorno di Tobia” en Viena. Esas fueron prácticamente las únicas actuaciones públicas fuera de Esterháza.
Sin embargo, sin conocimiento de Haydn, su música había adquirido un considerable renombre en toda Europa. Incluso muchos editores inescrupulosos se habían enriquecido publicando a nombre de Haydn, obras que en realidad no eran de su autoría. En la década de 1780 Haydn entró en trato directo con los editores Artaria de Viena; Boyer y Sieber de París; y Forter y Longman & Broderip de Londres. En estos años no sólo envió al exterior sus obras anteriores, sino que recibió encargos específicos de varias partes de Europa. En 1785 Haydn fue admitido en la Masonería, y ese año recibió un pedido de la Logia Olímpica de París. Así nacieron las sinfonías Nos. 82 a 87, llamadas “Parisinas”, entre las que destacan: la “Nº 82 en do Mayor, El Oso”, la “Nº 83 en sol menor, La Gallina” y la “Nº 85 en si bemol Mayor, La Reina”.
Estos encargos para un público con gustos distintos al de los Esterházy, forzaron a Haydn a escribir según otros criterios; y en definitiva, le salvaron de lo que podría haber sido una crisis creativa.
Subir
MICHAEL HAYDN, 1737 – 1806
Concierto en Re para Flauta
Nacido en Rohrau del Leitha y muerto en Salzburgo, como su hermano mayor, Franz Joseph, Joahnn Michael fue niño cantor en la catedral de San Esteban de Vierta (desde 1745 a 1754) y, en 1757, fue nombrado maestro de capilla del obispo de Grosswardein, en Hungría, actualmente Oradea, en Rumania. Ocupó este puesto hasta finales de 1762 y al año siguiente entró al servicio del príncipe arzobispo de Salzburgo, ciudad que ya no abandonó. Allí sobrepasó a todos sus colegas, entre ellos Leopoldo Mozart, y ejerció una profunda influencia sobre el hijo de éste, Wolfgang Amadeus. Al final de su vida fue dos veces a Viena (septiembre-octubre de 1798 y septiembre-octubre de 1801), donde visitó a su hermano Joseph, a quien no había visto desde 1771, y recibió varios encargos de la Emperatriz. El príncipe Nicolás II de Eszterhazy, patrón de Joseph, le ofreció un puesto de vicemaestro de capilla, pero lo rechazó, prefiriendo no abandonar Salzburgo. Por su estilo está más cerca de Mozart que de su hermano. Fue sobre todo célebre en su época como compositor de música religiosa, terreno en el que dejó una treintena de misas (de 1754 a 1805) y dos Réquiem (1771 y 1806, el segundo inacabado). En el plano vocal compuso también coros para hombres y la ópera Andrómeda y Perseo (1787) y en el instrumental, divertimentos, serenatas, catorce cuartetos y cinco quintetos de cuerda. En 1987, cuando se celebrara el 250 aniversario de su nacimiento, apareció un catálogo temático destinado a sustituir a los erigidos a principios del siglo XX por Lothar Perger (música instrumental) y Rudolf Klafski (música religiosa).
De los dos Conciertos para flauta, ambos en re, el primero (V. 54 o S. 78) es del 19 de septiembre de 1766 y comprende un Allegro moderato un Adagio y un Minueto en el que la flauta sólo interviene en el trío. La orquesta utiliza la cuerda y las dos trompas. En el segundo (F. 56 o S. 110), de 1765-1768, sin duda orquestado de la misma manera, hay tres movimientos: Allegro moderato, Andante y Allegro assai.
Subir
LUDWIG VAN BEETHOVEN
Sinfonía número 8, en fa mayor, Op 93
Escrita y terminada, en efecto, menos de cinco meses después de la Séptima (el manuscrito lleva la fecha de octubre de 1812), la Octava fue compuesta sin duda en el verano precedente, durante el cual Beethoven residió en la ciudad balneario de Teplitz, en Bohemia. Puede que deba su carácter de sonriente desenvoltura a la inclinación bastante viva que el músico sintió por la cantante berlinesa Amelia Se-bald, mujer espiritual y alegre que tenía a Beethoven bajo la influencia de sus encantos. Como la sinfonía precedente, ésta también fue presentada al público vienes (en la Redutensaal) más de un año después de haber sido terminada: el 27 de febrero de 1814. Sólo recibió una acogida moderadamente entusiasta y durante mucho tiempo se la consideró «la pequeña sinfonía» de Beethoven (él mismo acreditó esta denominación, por oposición con la amplitud de la Séptima). Y aún hoy se constata que la Octava sinfonía no es, ni con mucho, la más tocada y, además, no está dedicada a nadie. En esta sinfonía, Beethoven realizó con todo éxito algo para lo que antes no se sentía competente: escribir una sinfonía rectilínea, pacífica, armoniosa, bella y elegante.
Muchos críticos encuentran difícil comprender por qué Beethoven tardaría tanto en escribir una obra tan sencilla y fácil de entender. También es la más corta de sus sinfonías, excepto la Primera. Por eso la Octavafue considerada un retroceso a su primer estilo. Sin embargo, la obra supone una destreza natural, sin el menor esfuerzo. La diferencia entre ella y otras anteriores reside en el hecho importante de que Beethoven no parece sentir al componerla la menor necesidad o deseo de subrayar su peculiar estilo.
Compuso la sinfonía en un tiempo relativamente corto, por lo que muchos han supuesto que no debió tomarla muy en serio. Berlioz, por ejemplo, dice que el allegro está escrito «de un tirón» y cree que la melodía «cayó del cielo en el regazo de Beethoven». Pero la verdad es que Beethoven continuó retocándola incluso después de su estreno, extendiendo, verbigracia, la coda del primer tiempo a casi el doble de duración que en la versión primera.
La sinfonía se abre sin introducción alguna, con el tema alegre, vivo y sin pretensiones. El desarrollo del Allegro vivace e con brío no ofrece problemas de ninguna clase y es claro, natural y de construcción extraordinariamente hábil.
En el Allegretto scherzando, Beethoven se aparta de su costumbre al poner este movimiento como segundo tiempo (en sus sinfonías anteriores, el segundo tiempo siempre es lento.) Los acordes en staccato de los instrumentos de viento se dice que son una imitación de los golpes del metrónomo de Málzel. Beethoven también escribió una breve composición para voces, El canon del metrónomo, sobre el mismo tema.
Como el scherzo ya se había tocado, el tercer movimiento es un clásico minuetto en el más puro estilo vienés. A. K. Holland dice que toda la sinfonía tiene un sabor «urbano», que ni siquiera en el trío del minuetto se pierde por un aroma campestre. Toda la obra es puramente «rococó de ciudad».
El Allegro vivace produce una sensación de paz y bienestar. En él se explotan de manera sublime todas las posibilidades de la orquesta y está saturado de fantasía y humor.
Subir |